|
Angela Giussani era una modelo italiana que en poco tiempo
terminaría casada con el magnate editorial Gino
Sansoni. Pronto Giussani comenzaría a desarrollar
un particular interés en los negocios de su marido,
a tal punto que formaría su propia empresa editorial,
Astorina, a principios de los 60. Con
la colaboración de su hermana Luciana, las Giussani
pronto lanzarían una historieta que sería
el mayor éxito de la casa: Diabolik,
publicada en 1962.
Es interesante notar las causas del éxito de
un comic (o fumetti, como lo llaman los italianos)
basado en la figura de lo que es un tradicional villano.
A mí se me ocurren dos causas probables: la naturaleza
anárquica de este anti heroe - que realiza todo
lo que el público siempre quiso hacer pero no
puede - y las raíces mitológicas del personaje.
Me refiero a los orígenes del caracter - Diabolik
era un huérfano adoptado por una secta y entrenado
en las artes criminales en una isla secreta; ya adulto,
escapa del lugar no sin antes liquidar a sus maestros
y adoptando el nombre de la pantera que el líder
de la secta tenía como mascota -. Caracterizado
por una belleza física abrumadora, un cerebro
excepcional, conocimientos científicos de todo
tipo y un coraje indoblegable, Diabolik acosaría
tanto a los hampones como a la policía, robando
sus bienes sin dejar rastro - todas sus características
hacen pensar en Fantomas,
obvia influencia inspiradora de la historieta -. Ya
que el personaje no tenía demasiados escrúpulos
a la hora de matar, la polémica saltó
en Italia y pronto el comic fue paulatinamente transformándose
en una especie de Robin Hood, en donde Diabolik
sólo hurtaba a los mafiosos y los ricos. La tira
se sigue publicando hasta el día de hoy, siempre
con gran suceso.
Y con el éxito de la serie de TV Batman,
vino la primera oleada de adaptaciones de comics al
cine a mediados de los sesenta. Resulta notable observar
que, mientras los comics americanos se caracterizaron
por su sentido de justicia y su aspecto más fantasioso
y colorido, las historietas europeas siempre hicieron
hincapié en relatos más oscuros y realzando
el estilo de los mismos. Los comics franceses e italianos
eran (y son) extravagantes, y los personajes hacen las
cosas con clase. Desde Barbarella
a Fantomas,
desde Modesty Blaise hasta Diabolik,
sus viñetas siempre hicieron hincapié
en el aspecto sexista de los personajes, algo que las
tiras norteamericanas no podían hacer por cuestiones
de censura. Vale decir, la historieta del viejo mundo
estaba destinada a un público eminentemente adulto,
y sus relatos funcionaban como las fantasías
de cualquier individuo de más de 20 años.
Danger: Diabolik es la adaptación
del personaje de marras producida por Dino de Laurentiis
y dirigida por Mario Bava. Al contrario de otros seguidores
post Batman, aquí la historia
no está contada en tono camp sino como
una aventura pulp con toques de comedia. Diabolik
es despiadado y extravagante, y es una fusión
de Batman, James Bond
y Fantomas. Vive en una exótica
cueva, maneja exóticos autos, tiene una exótica
mujer - que hace las veces de excelente partner a la
hora de cometer los robos -, y tiene exóticos
gadgets. No siempre le salen las cosas bien, pero se
las ingenia para escapar siempre.
Bava relata la historia en el mismo estilo sicodélico
que Batman,
pero de una manera más adulta y sexista. Tanto
Diabolik como Eva viven enfundados en trajes ultra ajustados,
y son una pareja de belleza sobrenatural. Como Diabolik
está John Phillip Law (que un año después
sería el angel Pygar del clásico de culto
Barbarella),
quien llegaría al status de super estrella en
el viejo continente gracias a producciones como ésta.
Law es bastante duro para actuar, pero tenía
suficiente carisma y gran aspecto como para llenar de
pleno la pantalla. En el rol de Diabolik cumple con
lo que pide el personaje: irradiar magnetismo animal
y misterio, especialmente cuando se enfunda en el traje
de latex negro que sólo deja sus ojos al descubierto.
Es una película que irradia estilo por donde se
lo mire. Ciertamente Bava comete unos cuantos errores
que son propios de los directores italianos - transiciones
bruscas de escenas, la banda de sonido amputada cuando
cambia la secuencia, primerísimos planos, efectos
especiales baratos -, pero al menos aquí son más
digeribles que en la bizarra Barbarella
del mismo productor De Laurentiis. De hecho, Danger:
Diabolik es la adaptación de comic que
Barbarella
debió haber sido: fiel a la original, movida y
bastante sagaz. Los episodios en que se ve envuelto el
personaje - aparentemente sin salida - y la resolución
de los mismos es bastante inteligente. Y cuando se extralimita
un poco, al menos el clima del film amerita perdonarlo.
La cuestión es que Danger: Diabolik
no termina por ahondar en la historia; de hecho, el
film funciona como si fueran tres capítulos del
comic unidos por un fino hilo argumental. En el inicio,
la alianza de la policia con la mafia para cazar al
ladrón hace esperar en un verdadero duelo de
ingenios; y si bien el capítulo está bien
resuelto, la historia daba para mucho más. El
relato intermedio es un gran chiste - Diabolik vuela
los bancos del gobierno así como las agencias
fiscales, así que el Estado no tiene ni idea
de cómo cobrar los impuestos -, y la conferencia
de prensa del ministro de finanzas (el gran Terry Thomas)
para explicar la situación es hilarante. Y el
segmento final también es muy disfrutable, con
el imposible robo de un lingote de oro de 20 toneladas.
A pesar de las desprolijidades de Bava y de la inusual
(y horrenda) banda sonora de Ennio Morricone,
Danger: Diabolik es un film excepcional.
Posiblemente tenga que ver con el sex appeal
de los protagonistas, lo cool de su vida de
aventuras, y su fetichismo por las piedras preciosas,
el oro y el dinero - la escena en que John Phillip Law
y Marisa Mel hacen el amor en una cama redonda tapizada
con millones de dolares en billetes es un clásico
- le dan una personalidad que pocas películas
han vuelto a lograr. Simplemente es puro estilo.
John Phillip Law participaría en un homenaje
a la clásica escena de cama en el film CQ
de Roman Coppola (hijo de Francis Ford) en el 2001. |